Vivir más despacio tendría que ser una de tus principales aspiraciones. En un mundo tan desenfrenado como el nuestro, vivir más despacio es el mejor modo de recuperar un ritmo humano y más orgánico. Es la manera de hacer cada cosa a su tiempo y dedicarle además el tiempo que realmente necesita. Porque no puedes disfrutar de la vida si vas todo el día corriendo de un lado para otro, con la cabeza viajando entre pasado y futuro sin detenerse ni un momento a saborear y a deleitarse con el presente. La vida real sucede en el presente.  El instante es lo eterno. Vívelo ya que jamás volverá.

Muchas veces acuden personas a mi terapia que en realidad no están dispuestas a hacer un proceso terapéutico.  Es algo que me sucede más a menudo en los procesos de coaching. Quieren soluciones rápidas, prácticas y que no requieran demasiado esfuerzo. Que tú tomes las decisiones por ellos, cómo hacerlo y casi que lo hagas por ellos. Buscan el equivalente a una pastilla o una receta mágica que les transforme. Y no entienden que la transformación no es tanto la meta como el camino, todo ese proceso de reflexión, de análisis, de conocimiento interior, de que suceda el cambio de una manera natural, cuando llegue el momento y estés preparado para asimilarlo. Por eso en mi curso online Dueño de tus emociones, capitán de tu destino, incluyo el Mindfulness como parte del aprendizaje. Porque para conocerte, descubrir tu pasión y alcanzar tus metas, has de serenarte y darte el tiempo que necesites para recorrer todos los pasos del camino. Y que las respuestas afloren cuando sea la ocasión.

Bajar el ritmo

Carl Honoré nos cuenta en su libro El elogio de la lentitud que vivir deprisa no es vivir, sino sobrevivir. Es correr de un lado a otro, sin saborear ninguna de las experiencias que te están sucediendo, como empujado por una fuerza que te impide detenerte, que no te deja bajar el ritmo. Hay personas que afirman no poder bajar el ritmo. Es posible que eso suceda porque hayas llenado tu vida de responsabilidades y obligaciones.  Pero si quieres disfrutar, tendrás que encontrar un modo de tomar aire y reorganizar tus prioridades. Sé que puede sonar como una exigencia más pero necesitas darle a tu vida una dimensión temporal adecuada, con momentos más intensos y otros más tranquilos, con etapas de un cierto estrés y otras de ir haciendo sin presión. Pues cuando no lo haces, corres el riesgo de que la vida te pare. Y cuando eso sucede, por desgracia, suele hacerlo de mala manera. A veces va dando pequeños avisos que desoyes. Y otras te detiene en seco.

Los estados de atención plena y de flujo

Pero incluso si tienes la suerte de que eso no te suceda, esa carrera desenfrenada no lleva a ninguna parte. O mejor dicho, a ninguna parte de la que tengas conciencia. Puedes ir a muchos lugares, hacer muchas cosas, pero en realidad no has estado plenamente en ningún sitio. La única manera de tener conciencia de lo que estás viviendo es enlentecer el ritmo para estar presente. Estar presente es que cuerpo, corazón y mente estén acorde en lo que estás realizando en cada momento, casi en total armonía.. Que todos tus sentidos están ahí. Que tu cabeza no está pensando en el pasado ni anticipando el futuro. Cuando eso sucede, entras en un estado de atención plena.  O también puedes entrar en un estado de flujo.

Estar en flujo o estar en la zona es un concepto que nace a raíz de las investigaciones del psicólogo Mihaly Csikzentmihalyi sobre la felicidad.  Csikzentmihalyi quería descubrir qué hacía a las personas felices  y observó en sus investigaciones que muchas de esas personas se sentían realmente bien cuando entraban en un estado en que se sentían poseídas de un profundo gozo creativo, momentos de concentración activa, de absorción en lo que estaban haciendo. Se dio cuenta de que muchos de los momentos de plenitud vendrían de estar participando de una actividad con conciencia plena y no del ocio pasivo o de hacer las cosas distraídamente. Cuerpo y mente alineados, trabajando al unísono.

En el flujo puede haber esfuerzo, pero es un esfuerzo consciente, conectado e involucrado totalmente en la actividad. Es como un cansancio que no cansa, aunque suene paradójico. Es como estar bailando con la melodía de la vida, vibrando al son del Universo. Es perder la noción del tiempo pero a la vez expandirlo, disfrutarlo, saborearlo. Es dejar de lado el diálogo interno limitador para estar presente en el aquí y ahora. ¿No es eso un momento de felicidad?

Una de las vías para conseguir esa felicidad es el Mindfulness. En las prácticas de Mindfulness no tratamos de dejar la mente en blanco, sino de centrar la atención en el objeto de meditación: puede ser la respiración, un  mantra, una imagen. Y traemos la mente de vuelta a ese objeto cada vez que nos distraemos, lo cuál sucede con relativa frecuencia. Así, poco a poco, se va poniendo coto a la mente discursiva, esa que se pasa todo el día parloteando. Y cada vez resulta más fácil, en el día a día estar realmente conectado con lo que estás viviendo o realizando. Cuerpo y mente en sincronía, en perfecta unión. Como dice Eckhart Tolle:  Su vida es ahora. Su situación vital es material de la mente. Su vida es real. Encuentre la “puerta estrecha que conduce a la vida”. Se llama el Ahora. Reduzca su vida a este momento. Nadie dice que sea un camino fácil, pero siempre será mejor que pasar por la vida sin apenas enterarte de haber vivido.

¿Estás dispuesto a bajar el ritmo? 

Libros recomendados:

Elogio de la lentitud de Carl Honorè

Fluir de Mihaly Csikzentmihalyi

El poder del ahora de Eckhart Tolle

Simplifica tu vida de Mertxe Pasamontes

Mertxe Pasamontes