El trastorno obsesivo-compulsivo mejora con tratamiento

Muchas veces nos encontramos con personas que dicen tener manías o que un familiar suyo las tiene. Todos tenemos alguna «manía» o peculiaridad, como comprobar que has cerrado el gas antes de salir de casa o tener el armario ordenado de cierta manera. Pero cuando esas manías pasan de un cierto grado, estamos delante de un trastorno en toda regla. Las manías no crean angustia a la persona pero las obsesiones sí. Una de las manifestaciones clínicas más frecuentes relacionadas con ese «tener manías «es el trastorno obsesivo-compulsivo.
La mejor manera de saber si estamos delante de ese trastorno es ir a un profesional cualificado para que lo diagnostique. En mi práctica clínica me he encontrado frecuentemente personas que tenían trastorno obsesivo-compulsivo y no habían sido nunca diagnosticadas. O los hijos de estas personas, que han sufrido las dificultades de convivir con alguien con ese trastorno y nunca han pensado que eso constituía una enfermedad. En los contextos familiares acabamos normalizando cosas que no lo son. Es cierto que cada familia tiene sus costumbres y peculiaridades, pero eso no debería incluir que uno de los familiares tenga un trastorno mental sin tratamiento. Convivir con alguien con un trastorno de este tipo sin tratar puede hacer la vida del resto insoportable. Lo he visto en demasiadas ocasiones.
Lo peor del caso es que cuando se lo dices, tanto al familiar como a la persona que lo padece tienden a negar que eso sea un problema. El ser humano tiene tal capacidad de adaptación que puede acostumbrarse incluso a estar mal. No hablo de los casos más graves que obviamente han tenido que acudir a pedir ayuda, pero sí de casos en que la sintomatología al no ser tan grave parece tolerable. Pero en realidad conlleva una enorme cantidad de sufrimiento tanto para el que lo padece como para los que conviven con él.
¿Qué síntomas te pueden alertar de estar ante un trastorno obsesivo-compulsivo?
- tener pensamientos o imágenes repetidas sobre muchas cosas diferentes, como miedo a gérmenes, la suciedad o contagiarse de enfermedades; o de violencia; o de herir a seres queridos; o de actos sexuales; o de conflictos con creencias religiosas; o de higiene personal excesiva. Necesidad de tener todo en orden y de controlarlo todo. Dudas e incertidumbres continuas.
- realizar los mismos rituales una y otra vez tales como lavarse las manos, abrir y cerrar puertas, comprobaciones, contar, tocar madera o decir una palabra, guardar artículos innecesarios, o repetir los mismos pasos una y otra vez. Algunas personas no realizan rituales conductuales, se quedan en procesos de pensamiento repetitivos.
- tener pensamientos y comportamientos indeseados que no se pueden controlar.
- todos estos comportamientos o rituales, suponen un leve alivio de la ansiedad que producen, pero no solucionan el problema.
- es frecuente que se pase por lo menos una hora al día con estos pensamientos o rituales, los cuales causan angustia e interfieren con la vida cotidiana.
¿Cúal es la buena noticia? Que puede tratarse. Existen varias líneas de tratamiento que resultan efectivas, por si solas o una combinación de ellas. Yo he tratado bastantes personas con Trastorno obsesivo-compulsivo con muy buenos resultados. Los tratamiento que he utilizado son:
- Terapia cognitivo conductual.
- Mindfulness adaptado al trastorno.
- Apoyo farmacológico supervisado por un psiquiatra.
Algunas personas han podido hacer el tratamiento sin fármacos y otras han necesitado también el apoyo farmacológico. Pero lo importante es pensar que todos esos casos han mejorado notablemente y han podido llevar una vida más feliz tanto ellos como sus familiares. Lo peor que se puede hacer con este trastorno es dejarlo sin tratar y tampoco es adecuado con técnicas de autoayuda. Se necesita supervisión profesional. Así que si crees que padeces este trastorno o conoces a alguien que lo padezca anímate a pedir ayuda. No te arrepentirás.
¿Reconoces en ti algunas manías?
Mertxe Pasamontes

